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Declaración de Fé
- Las Escrituras
- Dios
- El Hombre
- La Salvación
- La Iglesia
- La Consumación
Las Escrituras
Creemos que la Biblia fue escrita por hombres, es divinamente inspirada, y es el record que Dios le ha dado al hombre para revelarse. Es un tesoro perfecto para la instrucción divina. Tiene a Dios como su autor, la salvación como su fin, y su contenido no tiene error. Revela los principios por los cuales nos juzga Dios y consecuentemente es - y permanecerá hasta el fin del mundo - el verdadero centro de la unión cristiana y el estándard supremo por el cual debemos de poner a prueba toda conducta humana, credo y opinión religiosa. El criterio por cual se debe de interpretar la Biblia es Jesucristo (Éxodo 24:4, Deuteronomio 4: 1-2; Josué 1:8; Salmos 19: 7-10; Salmos 119:11, 89, 105, 140; Mateo 5:17-18; Lucas 24: 44-46; Romanos 15: 4; 2 Timoteo 3:15-17; Hebreos 4:12; 1 Pedro 1:25; 2 Pedro 1:19-21).
Dios
Creemos que hay un sólo verdadero y viviente Dios. Es un Ser inteligente, espiritual y personal, el Creador, el Redentor, el Conservador, y el Soberano del universo. Dios es infinito en Su santidad y todas otras perfecciones. A Él, le debemos el amor más alto, reverencia y obediencia. El Dios eterno se revela como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, con atributos personales distintos, pero sin divisiones de naturaleza, esencia o ser.
1. Dios, el Padre: Dios como Padre reina con cuidado providencial sobre Su universo, Sus criaturas, y el flujo de la corriente de la historia humana según el propósito de Su gracia. Es todo poderoso, ama a todos, y todo lo sabe. Dios es el Padre de la verdad para los que llegan a ser hijos de Dios por fé en Jesucristo. Su actitud es paternal hacia todos los hombres (Génesis 1:1, Éxodo 3:14, Deuteronomio 6:4, Isaías 42: 5-8, 64:8; Jeremías 10:10; Mateo 23:9, 28:19; Marcos 1:10-11; Juan 4:24, 14:6-13; Romanos 8:14-15; 1 Corintios 8:6; Efesios 4:6; 1 Timoteo 1:17).
2. Dios, el Hijo: Cristo es el Hijo eterno de Dios. En Su encarnación como Jesucristo, fue concebido por el Espíritu Santo y nació de la Vírgen María. Jesús reveló perfectamente e hizo la voluntad de Dios, tomando sobre Él las exigencias y las necesidades de la naturaleza humana e identificándose completamente con la humanidad, pero sin pecado. Honró la ley divina por Su obediencia personal; y, en Su muerte en la cruz, hizo provisión para la redención de los hombres del pecado. Resucitó con un cuerpo glorificado y se apareció a Sus discípulos como la persona que había estado con ellos antes de Su crucifixión. Ascendió al cielo y fue exaltado a la derecha del trono de Dios donde es el sólo Mediador, en cuya Persona se afecta la reconciliación entre Dios y el hombre. Regresará en poder y en gloria para juzgar al mundo y para consumar Su misión redentiva. Habita a todo creyente como el viviente y siempre presente Señor (Salmos 2:7; Isaías 53: 1-12; Mateo 1:18, 3:17, 16:16; Lucas 1:35, 22:70; Juan 1:1-18, 11:25-27, 14:6, 17:1, 20:1; Hechos 2:22-24; Romanos 1:3-4, 5:6-21; Filipenses 2:5-11; Colosenses 1:13-22; 1 Tesalonicenses 4:14-18; Hebreos 1:3, 7:25, 13:8; Apocalipsis 19:16).
3. Dios, el Espíritu Santo: El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios. Inspiró a los hombres del pasado a escribir las Escrituras. Por iluminación, permite que los hombres comprendan la verdad. Exalta a Cristo. Acusa con respecto al pecado, la justicia y el juicio. Llama los hombres al Salvador y afecta la regeneración. Cultiva el carácter cristiano, les da consuelo a los creyentes, y da dones espirituales que le sirven a Dios por Su iglesia. Sella al creyente hasta el día final de redención. Su presencia en el Cristiano es la aseguranza de Dios que llevará al creyente a la plentitud de la estatura de Cristo. Ilumina y les da poder al creyente y a la Iglesia en la alabanza, el evangelismo y el servicio (Génesis 1:2; Salmos 51:11; Ezequiel 37:14; Joel 2:28-32; Mateo 3:16, 12:28-32; Lucas 4:18-19; Juan 4:24, 14:16-17, 15:26, 16: 7-14; Hechos 1:8, 2:1-4; Romanos 8:9-16; 1 Corintios 3:16, 12:3-11; Efesios 1:13-14).
El Hombre
Creemos que el hombre fue creado por un acto especial de Dios, en Su propio imagen, y es la obra culminante de Su creación. En el principio, el hombre era inocente del pecado y fue dado por Su creador la libertad de eleccion. Por su propia eleccion, el hombre pecó contra Dios y trajo el pecado a la humanidad. Por la tentación de Satanás, el hombre transgredió el mandamiento de Dios y cayó de su inocencia original; consecuentemente, sus descendientes heredan una naturaleza y un ambiente inclinados hacia el pecado; y tan pronto capaces de elección moral, se hacen transgresores y están bajo condena. Sólo la gracia de Dios puede traer al hombre a Su comunión sagrada y permitir al hombre
cumplir el propósito creativo de Dios. Lo sagrado de la personalidad humana es evidente en que Dios creó al hombre en Su propio imagen, y en que Cristo murió por el hombre; por eso, cada hombre posee dignidad y es digno de respeto y amor cristiano (Génesis 1:28-30, 2:7, 3:1; Salmos 8:3-6, 51:5; Jeremias 17:5; Mateo 16:26; Romanos 3:10-18, 3:23, 5:6, 7:14-25, 8:6; 1 Corintios 1:21-31; Efesios 2:10).
La Salvación
Creemos que la salvación incluye cada acción divina de parte del creyente, desde la salvación de su estado perdido hasta su presentación en gloria conforme al imagen de Cristo (1 Corintios 1:30; Efesios 5:25-27; Filipenses 1:6; 1 Tesalonicenses 1:9-10; Tito 2:11-13).
1. El creyente fue salvo cuando él, por la gracia de fé en Jesucristo, nació de nuevo espiritualmente como hijo de Dios (Lucas 7:50; Hechos 28:30-31; Juan 1:12; 1 Corintios 1:28; 2 Corintios 2:25; Efesios 2:8; Timoteo 1:9).
2. El creyente es salvo del dominio del pecado, divinamente conservado y santificado (Romanos 6:1-14, 8:2; 2 Corintios 3:18; Gálatas 2:20, 4:19; Filipenses 1:19, 2:12;
2 Tesalonicenses 2:13).
3. El creyente será salvo de la presencia del pecado cuando se presentará irreprochable en gloria (Romanos 13:11; 1 Tesalonicenses 5:8; Hebreos 1:14, 9:28; 1 Pedro 1:3-5; 1 Juan 3:1-3).
La Iglesia
Creemos que la verdadera iglesia es compuesta de toda persona quien, a través de fé en Jesucristo, ha sido regenerada por el Espíritu Santo. Creemos que una iglesia local, visible, del Nuevo Testamento es una congregación de creyentes bautizados, asociada por el convenio en la fé y la comunión del evangelio; que se reune para alabar, enseñar, y predicar la Palabra de Dios y observar las ordenanzas de Cristo; gobernada por las enseñanzas de Su Palabra y que las únicas cargas escriturales son el de pastor (obispo y anciano) y el de diácono, cuyas calificaciones y responsabilidades se definen en las espístolas de Pablo. (Mateo 16:15-19, 28:19-20; Hechos 1:8, 2:41-47, 6:3-6, 8:35-39, 20:28; Efesios 1:22-23, 3:19-33, 4:4-16; 1 Timoteo 3:1-13). Creemos que el bautismo y la Cena del Señor son las únicas ordenanzas de Cristo dadas a la iglesia local. El bautismo cristiano es la inmersión del creyente en agua en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es un acto de obediencia que simboliza la fé del creyente en un Salvador crucificado, sepultado y resucitado; la muerte del creyente al pecado; el entierro de la vida antigua; y la resurreción a una vida nueva en Jesucristo. La Cena del Señor es un acto simbólico de obediencia en que recordamos la muerte de nuestro Señor y anticipamos Su regreso. Creemos que la participación en esta ordenanza está abierta a cada creyente que ha sido regenerado por el Espíritu Santo, y que auto-examinación solemne se debe de hacer antes de tomar esta Cena (Mateo 3:13-17, 26:26-30; Romanos 6:3-5; 1 Corintios 11:23-29, 12:13; Colosenses 2:12).
Consumación
Creemos en el regreso personal, inminente y pre-milenial de nuestro Señor Jesucristo. La hora de su venida no se revela en ningún lugar; consecuentemente, es el deber de cada creyente vivir en preparación porque su llegada será inesperada. Cuando venga, reclamará Su cuerpo, la única Iglesia verdadera (Mateo 24:27-31, 24:36, 25:31-46, 26:64; Juan 14:3; Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 4:13-17, 5:2; 2 Timoteo 4:1; Hebreos 9:28; 1 Juan 2:28). Creemos en la resurreción corporal de toda la humanidad. Los que han sido salvos por fé en Cristo a través del tiempo vivirán para siempre con Cristo (en el cielo). Los que han rechazado a Cristo pasarán toda la eternidad en el lago de fuego (el infierno) juntos con el demonio y sus ángeles (Daniel 12:2; Mateo 25:46; Juan 5:28-29, 6:40; Hechos 24:15; 1 Corintios 15:12-28, 15:35-54; 1 Pedro 5:4; Apocalipsis 20:1-15, 21:21).
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